jueves, 28 de junio de 2012

El último debió ser el primero


Cristiano Ronaldo debió tirar el primer penal en la semifinal de la Eurocopa entre España y Portugal. Debió ser así por tantas razones. Pero fundamentalmente porque él es primero en todo en esa selección. Cuando existe una dependencia total y absoluta hacia un jugador y como todo buen líder, como único líder que es, su exigencia fue encabezar esa tanda de penales. 

Cristiano Ronaldo. Fuente Marca.com
Aunque es fácil opinar con ayuda del periódico del lunes, como se plantea en la jerga futbolera, cuando existe algo que se quiere decir y que no se ha dicho aún, es bueno tocar el punto. 

Este deportista sabe que es uno de los mejores pateadores del mundo. Pero a él pocas cosas le bastan, y corriendo sobre el verde césped se enfrasca en sí mismo y se siente el único mejor de todo. El único mejor de todos. Ese mismo pensamiento que le ha hecho libar de  las mieles más dulces, también ha contaminado su copa con gotas que saben a hiel.

A Cristiano Ronaldo le parió el futbol,  y sin duda, entre sí existe una relación magnifica. En sus venas aprisiona todas las condiciones requeridas para ser más que los demás, y brillar con otros pocos en el elevado pedestal de los elegidos de donde jamás bajará. El futbol lo reconoce, pero no se hace cómplice de su engreimiento. La enseñanza no se dirige solo a él, sino a todos. Y en este sentido, en uno de sus tantos capítulos aparece la de la humildad.

Volvamos al punto ¿Por qué Cristiano Ronaldo esquivó el primer penal? Sencillo, no quiso ser el primero, porque creyó que podía ser el absoluto. Aquel señor dueño de la victoria. Y en el futbol aparecen asombrosas contradicciones, y de vez en cuando con ella también extiende un látigo de castigo. 

Ronaldo quiso revalidar aquella cita bíblica, “el ultimo será el primero”. No debió especular. “Y en este caso el último debió ser el primero”. Pero él estaba seguro que el último penal significaría una nueva consagración: la absoluta y definitiva. Pensó con ambición excesiva con aquel tiro que signifique los brazos en alto que simboliza la victoria. 

No fue así. Porque aquella cita es más tramposa que ilustrativa en este fútbol de interminables revelaciones. Quiso ser el súper héroe para acrecentar su gloria. No necesitaba jugar al doble azar y exponerse de esta manera, porque en los penales nunca se sabe. Y así, sin patear obviando su primera obligación, Ronaldo terminó chutando la rabia de su avaricia. Y su Portugal, que dependía en gran parte de él, quedó eliminado.   

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