jueves, 17 de mayo de 2012

“una aclimatación que puede traer un poco de Paz”


El futbol es de una naturaleza al extremo cambiante, cuyo dictamen de eximir o condenar deviene de la única regla válida e irrefutable: el resultado. A partir de esto, se desata toda clase de reacciones y se asientan posiciones, por lo que esta corriente por su intensa relatividad puede crear un ambiente tranquilo o empujar hacia una zanja agobiante. Hacia uno de estos dos posibles estados está encaminada la selección. 

Como lo habíamos dicho alguna vez, en lo previo de un partido se habla con riesgos, porque en esta hora se puede hacer una infinidad de suposiciones y después la realidad deshoja o confirma cada una de las argumentaciones. El mismo esquema de este deporte ayuda porque presenta como uno de los axiomas fundamentales: su ilógica esencia.
 
Pero convengamos en algo, el desarrollo inmiscuye a todos por igual. Y más dentro de este universo, el horizonte de la selección es una cuestión insoslayable. Todos fungimos de estrategas. 

 La aclimatación que realizará la selección paraguaya desata una polémica, porque muchos critican esta decisión; y otros, las aplaude. Esto repercute en sus diferentes formas, porque no olvidemos que el profesor Arce (el Chiqui), fue nombrado por aclamación de la mayoría, aunque a la luz de esta campaña, un buen número se convirtieron; de creyentes en desertores. Otros, siguen en su inicial actitud imperturbable de agnósticos. 

Aunque una buena cantidad no quieren ver, porque es más fácil echar el dedo acusador, “el chiqui” solo fue heredero de una mala herencia. Tampoco hay que señalar a Martino, quien para algunos dirigentes de la APF fue el novio perfecto con quien se quiso unirse de por vida. El judas esta en otro lugar. Entendamos que las decisiones desatinadas tomadas en su momento, a consecuencia del ahogo de la razón por los flujos de la sensibilidad emocional, solo están pasando sus facturas. 

Obviemos ese pasado, pero aprendamos de ese error. En este camino hacia Brasil, el barco de la selección lleva abiertas algunas junturas por las que se han escapado puntos vitales, pero que obliga embrearse  con urgencia. La transición en todos los casos constituye una piedra difícil de tallar. La aclimatación también puede significar quemar procesos y apurar debidamente la ejecución de algunos puntos. El técnico, sabrá cuales.

Por último, aunque todo está en la mira del resultado, que permitirá echar un juicio definitivo, no es momento para quedarse con el brazo cruzado. No hay peor lucha que no se hace, alienta una frase. Aunque esto demuestra que la situación preocupa, esperemos que no sea indicios de algo irremediable. Está bien que se agoten todas las medidas y opciones posibles para sumar puntos de visitante, en lugar de aquellos que se evaporaron de local. Estamos ante una aclimatación que puede traer un poco de Paz.  

LA SELECCIÓN, está obligada a participar en el mundial que se organiza en el patio de nuestra casa, parafraseando a algunos periodistas. Solo resta confiar.

miércoles, 9 de mayo de 2012

¡En medio de bellas jugadas! El arbitraje, apesta


Hace tiempo que en el futbol paraguayo, se habla muy poco después de un partido de futbol de algo positivo, producido por los equipos en el terreno de juego a nivel de estrategias, de tácticas, de jugadas, etc., a pasar a hablar horas y horas del arbitraje, para mejor decir, del mal arbitraje.

CARLOS AMARILLA, ARBITRO APF
Cuando estos errores, que dejan de ser accidentales por lo repetitivos que son, debería causar “honda preocupación” no en los periodistas que solo analizan los partidos, sino fundamentalmente en quienes dirigen los diferentes organismos, y en quienes preparan a los árbitros paraguayos. 

 La situación ha llegado a su límite. Primero que no se puede permitir –así de tajante- tener solo dos árbitros que pueden considerarse a regañadientes “como buenos” en un país que tiene como deporte favorito, aceptado casi con exclusividad, el futbol. Esta cuestión demuestra que impera la haraganería en el órgano que lo rige.  

Formulo este interrogante; ¿En qué situación está el arbitraje paraguayo?, sabiendo que es una pregunta tonta hasta ofensiva para los espíritus que exhalan futbol. Sin embargo, no parece ser así para las autoridades que tienen en sus manos las decisiones, determinaciones, que por cierto son cada vez son más insólitas. 

Los errores recurrentes, hechos calcados  de cotejos anteriores, es la dura realidad de un síndrome sumamente peligro que amenaza el buen nivel que viene demostrando el futbol paraguayo, sin que los dirigentes –inmerecido en sus funciones a esta altura- tomen carta en el asunto.
Cuando la calidad del futbol se incrementa partido tras partido, aparece la incapacidad de los que deben impartir justicia –no se puede creer otra cosa- para echar por tierra o al menos endosarle ciertos virus que contrarresta toda evolución mejorada.
 Si existe de por medio un trabajo esforzado –como se dice que se hace- es lógico que se vea mejoras o indicios de mejoras. Indicios que no se vislumbra en el arbitraje,  ni remotamente. También, cuando alguien es deficiente en su trabajo, debe existir un plan de especialización, si persisten los mismos errores, entonces se debe aceptar la inhabilidad para esas funciones. A raíz de esto tomar medidas, aunque sean dolorosas.      
 El partido entre los clubes Guaraní vs Libertad de la fecha anterior, fue una muestra fehaciente e irrefutable de la deprimente situación en que está varado el nivel del arbitraje paraguayo. Para sumarle, otro elemento a tal agonía, –eso sí, con antecedentes innegables- que fue dirigido por el mejor árbitro local. Nos preguntamos con gran pesar ¿cómo serán los otros?

Muchos dicen a modo de justificación que  “los árbitros son humanos”. Nadie dice lo contrario. Pero tanta justificación es de mediocres, y en este terreno de mediocridad absoluta se desenvuelve el arbitraje paraguayo. Debemos afirmar, no sin riesgo a malas interpretaciones que existen errores permitidos, porque no se puede ser tampoco inflexible con la delicadez del trabajo, pero existen otros errores que no pueden pasar de ese estado. 

Así en medio de bellas jugadas, el arbitraje apesta. Cambiar la historia de un partido, eso es perjudicar a un club, menguar sus opciones futbolísticas y económicas, y no debe pasarse por alto. Esta es la urticante realidad. Y, como dijo un periodista, el arbitraje paraguayo es como un barco sumergido en el fondo del mar. En esa calamitosa situación se encuentra. En todo organismo la cabeza es el responsable, y ya se debe buscar soluciones con otro director de árbitro, y es esta opción así también lo debe entender el propio presidente del APF.