El futbol es de una
naturaleza al extremo cambiante, cuyo
dictamen de eximir o condenar deviene de la única regla válida e irrefutable: el
resultado. A partir de esto, se desata toda clase de reacciones y se asientan
posiciones, por lo que esta corriente por su intensa relatividad puede crear un ambiente tranquilo o empujar
hacia una zanja agobiante. Hacia uno de estos dos posibles estados está encaminada
la selección.
Como lo habíamos dicho
alguna vez, en lo previo de un partido se habla con riesgos, porque en esta
hora se puede hacer una infinidad de suposiciones y después la realidad deshoja
o confirma cada una de las argumentaciones.
El mismo esquema de este deporte ayuda porque presenta como uno de los axiomas
fundamentales: su ilógica esencia.
Pero convengamos en
algo, el desarrollo inmiscuye a todos por igual. Y más dentro de este universo,
el horizonte de la selección es una cuestión
insoslayable. Todos fungimos de estrategas.
La aclimatación que realizará la selección paraguaya
desata una polémica, porque muchos critican esta decisión; y otros, las
aplaude. Esto repercute en sus diferentes formas, porque no olvidemos que el
profesor Arce (el Chiqui), fue nombrado por aclamación de la mayoría, aunque a la luz de esta campaña, un buen número
se convirtieron; de creyentes en desertores. Otros, siguen en su inicial actitud
imperturbable de agnósticos.
Aunque una buena
cantidad no quieren ver, porque es más fácil echar el dedo acusador, “el chiqui” solo fue heredero de una mala
herencia. Tampoco hay que señalar a Martino,
quien para algunos dirigentes de la APF fue el novio perfecto con quien se
quiso unirse de por vida. El judas esta
en otro lugar. Entendamos que las decisiones desatinadas tomadas en su
momento, a consecuencia del ahogo de la razón por los flujos de la sensibilidad
emocional, solo están pasando sus facturas.
Obviemos ese pasado,
pero aprendamos de ese error. En este camino hacia Brasil, el barco de la selección
lleva abiertas algunas junturas por las que se han escapado puntos vitales, pero
que obliga embrearse con urgencia. La transición en todos los casos constituye
una piedra difícil de tallar. La aclimatación también puede significar
quemar procesos y apurar debidamente la ejecución de algunos puntos. El técnico,
sabrá cuales.
Por último, aunque todo
está en la mira del resultado, que permitirá echar un juicio definitivo, no es
momento para quedarse con el brazo cruzado.
No hay peor lucha que no se hace, alienta una frase. Aunque esto demuestra
que la situación preocupa, esperemos que no sea indicios de algo irremediable. Está
bien que se agoten todas las medidas y opciones posibles para sumar puntos de
visitante, en lugar de aquellos que se evaporaron de local. Estamos ante una aclimatación que puede traer un poco de Paz.
LA SELECCIÓN, está
obligada a participar en el mundial que se
organiza en el patio de nuestra casa, parafraseando a algunos periodistas. Solo
resta confiar.
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